No encontramos otra forma de empezar este post: Amamos Bohol. Lo amamos incondicionalmente… Pese a que lo consideramos en un primer momento como mero lugar de paso, cada ratito que pasamos en esa isla, nos iba llenando de asombro y felicidad.

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Llegamos con la idea de visitar los tres puntos turísticos a los que toda guía y blog hacen referencia: Alona Beach, Reserva de tarsiers y Chocolate Hills. Bohol es mucho más que esto.

Tras horas de bus desde Malapascua y un Ferry desde Cebú hasta Tagbilaran, un triciclo nos lleva a la playa de Alona Beach.

La masificación turística era evidente. Miles de turistas que abarrotaban la playa por la noche para cenar, arena llena de mesas y sillas, personal de hotel que bailan para disfrute de los clientes sonadas coreografías, precios más europeos que filipinos… No era lo que buscábamos. Señor conductor de triciclo, sácanos de aquiiiiiiiii!

Mondongos huyendo de la masificación turística en triciclo
Mondongos huyendo de la masificación turística en triciclo

 

Los Mondongos saben bien lo que quieren, y a primera hora nos adentramos en la Selvática ribera de Loboc.

Elegimos alojarnos en Nuts Huts, un Resort con Cabañas de nipa que nos habían recomendado. El bus pasa de nuestra señal de stop y nos lleva hasta la Reserva de los Tarsiers: unos monos diminutos de ojos saltones que solo viven aquí. Debido a lo frágiles y fácilmente estresables que son, tan solo quedan 10 en esta Reserva, de los cuales solo llegamos a observar cuatro, gracias a los guías filipinos que te los señalan con el dedo (entre tú y yo, los han dejado pegados con cola). El recorrido es corto, tanto que la zona de merchandising duró más.


Busca el tarsier...
Encuentra al Tarsier

 

Cogemos un bus de vuelta haciendo hincapié de que nos dejaran en el alojamiento, esta vez el chofer nos hizo caso. Tras caminar 15 minutos por un camino de piedra y bajar una escalera cuyo final no alcanzamos a ver, entramos en Nuts Huts.

Nerviosito de emoción se pone Don Mondongo al ver la peculiaridad de este Resort: auténticas Cabañas de nipa, madera y bambú que se reparten en la orilla del río entre el verde espesor de la Selva.

Mondongo en Nuts Huts
Mondongo en Nuts Huts

 

Detalle zonas comunes Nuts Huts
Detalle zonas comunes Nuts Huts

 

Zas en toda la cara! No hay habitaciones disponibles para hoy, pero amablemente nos ofrecen una alternativa en un Resort cercano: Hill Top Cottages.

Hill Top Cottages
Hill Top Cottages

 

Lejos de ser una mala opción, fue una estancia agradable y nos permitió ver el récord Guiness de las Mariposas. Muy amablemente la dueña nos invita a la fiesta de esa noche, relacionada con la Navidad aunque consistente en cantar con la máquina de Karaoke o Videoke, tradición muy extendida por aquí y de cuyas actuaciones no te puedes reír porque se lo toman muy en serio (por lo que decidimos mejor no ir…).

 

Aprovechando que en el camino a Nuts Huts había un particular que alquilaba su moto, decidimos cogerla para explorar la isla. Las reglas de conducción son fáciles: pita para adelantar, pita para avisar de que pasas, pita para saludar y pita por pitar, pero pita. Nos colocamos los cascos, no sin antes protegernos las cabezas con gorro o pañuelo…deben usarlos para que las gallinas pongan huevos, ya que los filipinos rara vez se lo colocan.

 

Mondongos motorizados
Mondongos motorizados

 

Por el camino atravesamos campos de arroz, pequeñas cabañas rurales y poblados limpios y más ordenados de lo que estábamos acostumbrados hasta el momento.

Campos de arroz por el camino
Campos de arroz por el camino

 

De camino nos desviamos a las cascadas de Pangas: aguas turquesas que compartimos con los niños del lugar que juegan a tirarse desde los saltos. Alquilan nipas por 50 php para pasar el día y protegerse del sol.

 

Pangas Falls
Pangas Falls

 

Tras el refrescante chapuzón desandamos el camino disfrutando de las vistas de la vida agraria boholiana. A nuestro paso los niños corren hacia la carretera entusiasmados por saludar ya que por nuestra piel blanquita y el uso de los cascos saben que somos guiris.

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Llegamos a Chocolate Hills, lo que esperábamos: mucha gente y poco espacio para poder divisar tranquilamente la panorámica de estas colinas famosas por sus picos redondeados, color marrón en estación seca y de origen desconocido.

Chocolate Hills
Chocolate Hills

 

Lo que parecía ser un filipino ofreciendo un tour en moto, resulta ser uno de los miembros de la pareja de Mondongos con los que habíamos compartido la mágica noche de fin de año en Malapascua.

Chocolate Hills desde otro punto de vista
Chocolate Hills desde otro punto de vista

 

Qué sorpresa y qué pequeño parece Filipinas! Cuatro Mondongos mejor que dos para perderse por el interior de las Colinas, actividad totalmente recomendable para observar las Chocolate Hills desde otro punto de vista.

Y vaya si nos perdimos…nos topamos con Kawasan Falls, que no estaban en el itinerario. Es lo bueno de la improvisación si se tiene buena habilidad motera, ya que el camino por llamarlo de alguna forma, es muy abrupto, con continuas subidas y bajadas de piedra, arena y tierra.

Kawasan Falls
Kawasan Falls

 

Tras un refrescante y rápido chapuzón ponemos rumbo al Resort, pero tanto nos habíamos perdido que no sabíamos volver. Tuvimos que preguntar más de 50 veces y llegamos bien entrada la noche y con la moto pidiendo a gritos algo de gasolina.

Escaleras hacia Nuts Huts
Escaleras hacia Nuts Huts

 

Un magnífico día se cierra y llega la hora de cenar disfrutando del espectáculo de luciérnagas que se acercan a darnos las buenas noches.

 

La forma en que está construida la cabaña te permite estar en contacto con la naturaleza, y mientras la noche avanza, los sonidos de los pájaros de diversas especies, el croar de las ranas, los insectos y muchos habitantes de la jungla que desconocemos, dan paso al cantar de los gallos al amanecer. Y es que en Filipinas, en la ciudad, en el pueblo y en los lugares más recónditos hay gallos, que son utilizados para el entretenimiento nacional con sus famosas peleas: el vencedor es llevado al veterinario para ser curado de sus heridas y el perdedor, directo a la cazuela.

Cabañas del Resort
Cabañas del Resort

 

Qué mejor forma de conocer el río Loboc que a lomos de un kayak! Río arriba hacia unas cascadas nos cruzamos con grandes barcazas en la que los turistas, sentados en mesas de camilla, disfrutan de un paseo amenizado por música tan Filipina como los Beatles y alguna que otra paradita para ver el baile Tinikling en los que se saltan simultáneamente barras de bambú que se chocan contra el suelo con un compás cada vez más acelerado.

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La travesía en kayak discurre relajadamente con la observación de la fauna y flora. El valle se torna a cada remada más majestuoso y colosal mientras que nosotros nos vamos haciendo más pequeñitos como si de hormiguillas se tratara.

Río Loboc
Río Loboc

 

Al volver al Resort nos proponen una salida nocturna en bangka por el río Loboc para observar luciérnagas. Estábamos expectantes porque apenas se veía alguna. De repente una se acerca sigilosamente y se posa en la mano del mondongo, ¿traerá suerte? Cuando pensamos que no habría ninguna más, llegamos a un manglar donde habitaban miles de ellas.

El espectáculo de lucecillas intermitentes nos deja boquiabiertos.

De vuelta a Tagbilaran al día siguiente, hay tiempo para pasear por la zona Universitaria y Comercial. Los estudiantes uniformados parecen una tripulación marinera. Se les veía muy contentos. Pensamos que en este país ser estudiante universitario debe ser un privilegio, tanto que a los más brillantes y con mejores notas, se les congratula en público mediante grandes carteles para su reconocimiento, orgullo de sus familias e incentivar al resto de estudiantes a seguir sus pasos. ¡¡¡Bien hecho filipino!!!

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Y es que esta gente tiene buenas ideas…para cenar escogemos un Restaurante Grill en el que el personal atendiendo al público es sordo. Para comunicarte con ellos, puedes usar el lenguaje de signos que te facilitan en la carta, o usar el teléfono que hay en cada mesa para hacer la comanda directa a cocina. Esta iniciativa pertenece a una obra social en la que emplean personas con riesgo de exclusión. ¡¡¡Bien hecho filipino otra vez!!!

Bohol nos ha dejado un magnífico sabor de boca. Ha sido todo un acierto pasar tres días aquí…y aún nos queda Palawan.

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