¿Cuándo un perro es demasiado mayor para subir una montaña?…

Esta pregunta es la que nos hacemos a poco de comenzar el ascenso al Trolltunga. Un chico se queda entusiasmado con el meneo de culo que se gasta el Simón subiendo esas rocas y nos cuenta que él también tiene perro, pero que ya es “demasiado mayor” para llevarlo a este tipo de rutas.

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Hoy hemos madrugado para poder hacer los 22 km de recorrido sin prisas. El camino parte directamente del parking de Skejedal y asciende, con fuerte pendiente, por una ladera embarrada por la lluvia intermitente pero siempre presente de estos lugares. Para facilitar el tránsito han colocado unas piedras a modo de irregulares escalones y de vez en cuando una cuerda atada a dos árboles configuran un pasamanos indispensable si no queremos acabar con el culete morado y mojado.

Al llegar a una zona más llana, una estaca nos indica que ya hemos recorrido el primer Km, también nos recuerda que nos quedan 10 más para llegar al Trolltunga…¡¡ Ánimo que no queda ná!!!

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Aunque es temprano, hay bastante gente haciendo el recorrido. Al estar tan concentrados en el camino y el paisaje, casi te olvidas del resto y te sientes como 3 mondongos solitarios en la montaña.

En las zonas llanas abundan los charcos, lo que solventan con unas vigas de madera a modo de pasarela que vienen genial, eso sí, algún charco es inevitable pisar por lo que nos alegramos de llevar las botas adecuadas, impermeables y cómodas para andar.

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El paisaje es increíble, una inmensidad donde se entremezclan el verde de la hierba y el musgo con el color oscuro de las rocas. Del color del cielo aún no sabemos nada por estar nublado, pero así mejor, nos concentraremos con mirar al suelo para no caer.

Así pasan los 2, los 3, los 4, los 5 y los 6 primeros kilómetros, ya estamos a la mitad del ascenso, ¡¡¡no queda náaaaaa!!!

En la zona más alta el camino se hace más rocoso, pero esta roca, de origen volcánico, tiene un agarre estupendo, menos mal porque con la humedad que hay sería muy probable volver a España sin dientes.

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Nos empezamos a cruzar con gente que ya viene de regreso, eso es que nos estamos acercando, y el esfuerzo empieza a notarse, cada vez más.

Sólo quedan 2 kilómetros para llegar a la famosa roca ¡¡¡Esto está chupao!!!

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Todo el subidón que nos está dando al llegar se convierte en bajón para Simón. No sabemos si por el mal de altura o por cansancio, se queda atrás y le tenemos que ir tirando de la correa para que siga… pobrecillo Simoncillo.

Finalmente llegamos a la cima, ya vemos la roca que tanta gente atrae a este lugar. Trolltunga significa la lengua del trol, y eso es lo que parece, es como si la montaña sacase la lengua hacia el precipicio haciendo una burla para todo el que se acerque a verlo.

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Como si de una peregrinación se tratase, decenas de personas hacen cola para tomarse la obligada foto al borde de la lengua del trol y aunque por un momento pensamos en cumplir con ese protocolo, los mondongos pasan de colas y más aún con uno del equipo extasiado, respirando con dificultad y dando la impresión de que no le quedan fuerzas para bajar. Vamos Simón que tú puedes.

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Por lo que pueda pasar con el pequeño Simón, decidimos empezar a descender. No queremos ponernos en lo peor, pero será mejor así para prevenir. Vamos bajando despacio, pero sin parar, parece que le gusta la idea de que volvamos de regreso y, aunque no con mucho brío, mueve algo la cola.

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Como es de esperar, si la subida requirió bastante esfuerzo, la bajada requiere ahora equilibrio y unas fuertes rodillas que aguanten tanta bajada de escalón. El truco, apretar los glúteos, eso sí, antes de que empiece el dolor de rodillas. Si ya tienes el dolor metido en la articulación no sirve de nada, sólo aguantar el tirón, poniendo buena cara cuando nos cruzamos con algún intrépido montañero que aún a estas horas sigue subiendo hacia la cima. Y es que mucha gente sube por la tarde, duermen en tiendas de campaña y bajan al día siguiente. Consiguen así amanecer arriba y disfrutar del lugar con menos turistas.

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Último kilómetro, la parte más embarrada, ni si quiera la cuerda pasamanos nos libra de un resbalón y nos llevamos el consiguiente culazo. Bueno es para echar unas risas que hagan olvidarnos por un momento del dolor de rodillas y de la preocupación por la salud de Simón.

Ya vemos el parquing. Lo conseguimos. Los tres.

A ritmo de walking dead movemos las piernas deseando llegar a la furgo.

Simón parece que se va animando y es que debe pensar que a él nadie le preguntó si le apetecía hacer esta caminata, a lo mejor a él le bastaba con hacer un pis y volverse a su cama a pasar todo el día relajado. Y a lo mejor es que nuestro perro ya es demasiado mayor para la montaña.

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