Llega a Manila: móntate en un taxi que lo vas a flipar!!!

Dos escalas y tres aviones nos parecen tontería tras probar la conducción temeraria de Danino, nuestro taxista con el que pactamos precio desde un inicio, aunque no se cansaba de regatear durante el camino.

Aunque todas las fuentes indicaban coger taxis amarillos, probamos los blancos y el precio resultó mejor, aunque todos son altamente recomendables para conocer la ciudad, pues se meten por callejuelas intransitables…no sabemos si por atajar o por hacer más largo el recorrido y llevarse unos pesos filipinos extra.

Una forma diferente de conocer la Manila profunda, de contrastes, caótica pero enérgica al mismo tiempo

Viviendas obreras junto a rascacielos
Viviendas obreras junto a rascacielos

 

Dejamos la mochila para explorar la ciudad. Dos “Mondongos” de la manita adentrándose en una jungla urbana de taxis, triciclos y yipnis (un vehículo multitudinario típico y tela de cantoso).

Calles de Intramuros
Calles de Intramuros

 

De primer plato Intramuros, una huella del paso de España por estas tierras. En su interior se albergan edificios señoriales, conventos e Iglesias. Fundado por Miguel López de Legazpi en 1571, su ocupación pasó de manos españolas a chinas, británicas, estadounidenses y japonesas. La herencia de todas estas culturas, sumado a su destrozo en la Segunda Guerra Mundial, ha dado lugar a un mix de estilos urbanos digno de un buen paseito.

Intramuros con detalle Iglesia de San Agustín al fondo
Intramuros con detalle Iglesia de San Agustín al fondo

Desde la Iglesia de San Agustín, pasando por Fort Bonifacio hasta el Ayuntamiento y la Catedral de Manila, ubicada en la plaza de Roma, que antiguamente albergó una plaza de toros. Para acabar de hacerse a la idea de Intramuros, se puede acceder a la parte superior de la muralla que es transitable.

Catedral de Manila

De segundo Parque Rizal, cerquita de Intramuros y visita obligada para conocer la vida ociosa de los lugareños. Unas praderas de césped inmensas, estanques y esculturas referentes a José Rizal, héroe filipino ejecutado por tropas españolas y quizás la razón por la que nuestra presencia despertaba miraditas, o a lo mejor es que somos muy guapos…

Parque Rizal

De postre bajamos Parque Rizal y nos encontramos con las Gradas de Quirino y el Manila Ocean Park, lugar perfecto para disfrutar de la puesta de sol. Y si no hay suficiente y el estómago pica, el Restaurante Harbor View sobre el muelle, deleitará paladar al mismo tiempo que vista, pues se divisa un bonito skyline nocturno de la ciudad.

Harbor View Restaurant

 

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Skyline Manila

 

El regreso al Hotel, una movida. La ausencia de taxis libres hace que nos aventuremos a cruzar la ciudad a pie, unos 6 kilómetros. Exploramos una Manila bulliciosa, donde las normas de circulación no existen, y los claxon participan en un concierto de ritmo allegro en el que falta el director de orquesta.

Hay quien guarda imágenes en la retina, nosotros hemos guardado en los tímpanos las bocinas.

Exhaustos y con jet lag a tope, nos encontramos ya en la cama buscando un billete con el escaso wifi del Hotel Artina Suites, para dirigirnos al día siguiente a Cebú. Tan cansado y agotado estaba, que intentaba comprar sin darme cuenta un billete para un tal Ricky Martin que residía en Afganistán…

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